
#RecomendacionesDomingueras – Odiar saber
Trabajé varios años en Delicias, Chih. Cincuenta minutos de coche al trabajo, todos los días, sin excepción y sin queja.
Me mudé a #CdMx y ahí empezó el drama, porque de media tardaba más, pero un día tardaba curenta minutos y, otro, una hora y media. Me sacaba de quicio la variabilidad de la ciudad. El tiempo perdido no era el problema, ya que, de media, sabía que era perdido. El problema era no poder anticiparlo.
Esa reflexión resume algo más grande de lo que parece:
Preferimos la certeza mediocre que la expectativa variable.
Y esa preferencia lo explica muchas cosas sobre cómo decisiones, cómo diseñamos productos y por qué estamos agotados.
Lo cotidiano: optimizamos varianza, no medias. Si fuéramos racionales, elegiríamos siempre la opción con mejor promedio. Pero elegimos la opción más predecible, aunque su media sea peor. Preferimos cincuenta minutos seguros a una media de cuarenta con picos de noventa y más.
- Daniel Ellsberg lo demostró en los sesenta. En su paradoja, la gente prefiere apostar por una urna con probabilidades conocidas antes que por una con probabilidades desconocidas, aunque el valor esperado sea idéntico. Y dirás “obviamente”; pero si el valor esperado es idéntico, ¡te debería dar igual!
- Hemos evolucionado así. Durante cientos de miles de años, incertidumbre equivalía a peligro. No saber qué había detrás del arbusto era la diferencia entre comer y ser comido. El sistema nervioso que sobrevivió fue el que trataba lo desconocido como amenaza por defecto. No estamos programados para gestionar varianza. Estamos programados para huir de ella.
Producto: anunciar el dolor vale más que quitarlo. Hace ya 5 años me quitaron una muela del juicio en quirófano. La cirujana hizo algo que entonces no supe nombrar, pero que ahora tengo claro que fue su mejor decisión clínica: ir narrando cada paso antes de hacerlo. Ahora vas a notar un pinchazo. Ahora un hormigueo en el labio. Ahora presión, no dolor. Cada frase llegaba segundos antes de la sensación.
- En la revisión, se lo agradecí por la “experiencia de uso“ tan sorprendente. No eliminó el dolor, solo eliminó la incertidumbre. El dolor anunciado se tolera mucho mejor que el dolor sorpresa, aunque sea exactamente el mismo dolor.
Esto es lo que los buenos productos entienden y los malos ignoran.
- Por eso, nos sacaba tanto de quicio cuando Windows se quedaba un tiempo indeterminado en el 99% de la barra de progreso.
- Amazon no solo te promete un envío rápido, te dice el día y la franja. Uber no te dice que el coche está cerca, te dice por qué calle va en tiempo real.
- Todos reducen la varianza percibida, no el tiempo absoluto. Por cierto, que Uber lo midió y, por debajo de 12 minutos, reducir la espera no aumentaba la satisfacción.
Lo emocional: la carrera, el futuro, y lo que no controlas. Hasta aquí lo manejable. Lo duro viene cuando la varianza no es un desplazamiento ni un trámite médico, sino tu vida profesional. ¿Estoy en la empresa correcta? ¿Esta decisión me acerca o me aleja? ¿Qué hago si esto no funciona en seis meses?
- No puedes resolver la incertidumbre del futuro profesional como resuelves la de un trayecto en coche: saliendo antes. No existe el salir antes. Solo existe el estar mejor preparado para el mayor número de escenarios posibles.
Y ahí viene lo que nadie te va a decir: no existe una respuesta a tu carrera. Quien te la prometa, miente. Lo que sí existe es reducir la variabilidad inesperada. Y eso significa estar más preparado para cada potencial escenario y poder pasar de veinte futuros posibles a cinco. Entender qué depende de ti y qué no. Anticipar las segundas derivadas de tus decisiones antes de tomarlas. Estar preparado para tres escenarios en vez de rezar para que salga uno.
Visto en newsletter @multiversial de Carlos Molina.
Que tengas excelente domingo.

Consultor y capacitador
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